Señor Presidente:
Permítame
felicitarlo por su elección como Presidente de esta Conferencia,
órgano creado para negociar instrumentos jurídicamente
vinculantes de desarme y control de armas. Esta es la primera vez
que, tras su admisión como Estado Miembro en 1996, Chile participa
a alto nivel político en los debates de la Conferencia de Desarme,
y hemos querido hacerlo en una coyuntura internacional en la que -tras
demasiados años de inactividad- la confluencia de circunstancias
auspiciosas pareciera estar generando la masa crítica de apoyo
político requerida para relanzar la agenda multilateral del
Desarme.
Son
muchas y muy buenas las razones que hacen necesario dicho relanzamiento.
Ustedes las conocen sobradamente, pero quiero subrayar esta mañana
que la crisis financiera mundial, la crisis alimentaria, la crisis
energética y el cambio climático requieren canalizar
todos los recursos disponibles hacia la reactivación de las
economías y la atención oportuna de necesidades sociales
impostergables, como también hacia la mitigación de
fenómenos que amenazan la existencia misma de Estados insulares.
El documento final de la cumbre 2005 de Naciones Unidas establece
que la organización se sostiene sobre tres pilares, interconectados
y que se refuerzan mutuamente: paz y seguridad, desarrollo y derechos
humanos.(*) Tales pilares son el cimiento de la seguridad y el bienestar
colectivos. La noción subyacente es que la seguridad internacional,
la seguridad nacional y la seguridad humana van de la mano. La recesión
mundial en la que estamos cayendo es una dura prueba para la interdependencia
global. Por ello el avance de la agenda multilateral de desarme y
control de armas contribuirá a mitigarla y revertirla. La paz
social es requisito de la gobernabilidad y su ausencia es semilla
de conflicto. Bien lo sabían los negociadores de la Conferencia
de Paz de París, quienes en 1919 incorporaron la creación
de la Organización Internacional del Trabajo en el capítulo
XIII del Tratado de Versalles.
Chile reafirma que el desarme nuclear constituye no sólo el
capítulo más importante de nuestra agenda colectiva,
sino que su materialización es clave si hemos de lograr seguridad
para todos los Estados al menor nivel posible de armamentos.(**) Es
bajo este imperativo que nuestra Delegación ha venido desplegando
sus esfuerzos como Coordinador del Tema I de la Agenda de esta Conferencia.
Por
ello es que somos parte en todos los instrumentos pertinentes y conexos,
incluyendo ciertamente el Tratado de No Proliferación de las
Armas Nucleares (TNP), el Tratado para la Prohibición Completa
de los Ensayos Nucleares (TPCEN), el Tratado de Tlatelolco, el Protocolo
Adicional de Salvaguardias del OIEA y el Código de Conducta
de La Haya contra la proliferación de Misiles Balísticos.
También,
saludamos con esperanza tanto las palabras vertidas recientemente
en este mismo estrado por representantes de las grandes potencias
y otros actores de alta relevancia multilateral, así como las
ideas en circulación que apuntan tanto a una revitalización
del desarme nuclear, como a la renovación de este proceso.
En particular, permítanme resaltar por su trascendencia política
la disposición del Presidente Obama de avanzar hacia la ratificación
del TPCEN, como también la flexibilidad mostrada tempranamente
por la nueva Administración estadounidense al restablecer como
objetivo la pronta negociación de un tratado para la prohibición
de la producción de material fisionable con fines militares
(FMCT) dotado de un régimen de verificación. Estamos
convencidos que este será un paso trascendental en pos del
objetivo mayor: el desarme nuclear completo.
Favorecemos,
en suma, una aproximación incremental que nos permita progreso
efectivo.
Señor
Presidente:
Hoy,
es crucial trabajar resueltamente por fortalecer la lucha contra la
proliferación nuclear. Necesitamos éxito en el proceso
de examen del TNP. La Conferencia de Examen del 2010 será en
verdad un litmus test de la resolución de los actores claves.
Tales actores claves deberán asumir el patrimonio político
construido a lo largo de las siete conferencias de examen previamente
celebradas e insertarlo en el contexto de las actuales circunstancias
políticas.
La
esperada ratificación del Tratado para la Prohibición
Completa de los Ensayos Nucleares por los Estados Unidos debería
dar paso a un círculo "virtuoso" que permitiera una
pronta entrada en vigor de dicho instrumento. Un entorno de cooperación
política entre todas las potencias nucleares es tanto posible
como deseable. Las moratorias de ensayos nucleares -proclamadas o
de facto- que se han venido aplicando demuestran que ratificar dicho
Tratado no entraña perjuicio para su seguridad nacional. Tal
paso brindará la seguridad jurídica y la confianza política
que el TPCEN está llamado a instalar en las relaciones internacionales.
Es
preciso también que en el seno de esta Conferencia se inicie
en breve la negociación de un instrumento que prohíba
el material fisionable con fines bélicos. Es el paso natural
tras el TPCEN, que remachará de manera convincente el compromiso
de las potencias nucleares con el Artículo VI del TNP. También
hará efectivas las afirmaciones de otros Estados que poseen
armas nucleares y que en numerosas oportunidades han asegurado en
los foros multilaterales que su eliminación constituye su primera
prioridad. Chile sostiene que la verificación tiene una entidad
política propia, que pertenece a la esencia misma de los instrumentos
de Desarme. Por ello esperamos que la flexibilización de la
postura estadounidense resulte en la apertura de un proceso negociador
apuntado a un tratado que efectivamente contribuya a los objetivos
del Desarme y la No Proliferación Nuclear.
Señor
Presidente:
El
desarme nuclear y la no proliferación son el anverso y el reverso
de una misma moneda. Es preciso avanzar en ambas vertientes, teniendo
siempre a la vista que el objetivo final es la eliminación
completa de las armas nucleares. Lo hemos señalado aquí,
en la Comisión de Desarme y en la Primera Comisión y
permítame reiterarlo una vez más, no hay buenos proliferadores
versus malos proliferadores. Toda proliferación es negativa
y todas las armas nucleares generan riesgo inaceptable para la seguridad
internacional.
Toda política y todo esfuerzo diplomático que ignore
esta verdad esencial está destinada a encontrarse con la desconfianza
y la frustración de la abrumadora mayoría de los Estados
que no poseen armas nucleares. A casi dos décadas del término
de la Guerra Fría, verificamos que las causas de tensión
y conflicto parecieran re-inventarse. Las armas nucleares, como todas
las armas, han sido creadas con el potencial de ser utilizadas. Pecaríamos
de arrogancia si afirmamos que la inteligencia humana puede conjurar
todos los riesgos que crea su mera existencia. El único curso
de acción racional posible es trabajar decidida y honestamente
por su eliminación.
Señor
Presidente:
La
diplomacia multilateral requiere de órganos idóneos
para fructificar. Y no me refiero a meros espacios físicos
o procesales sino a puntos de encuentro dotados de legitimidad y recursos
para responder con resultados a las necesidades de la comunidad internacional.
Comprendemos
que para lograr avance en áreas tan cruciales como el desarme
nuclear requerimos del liderazgo y el compromiso de las grandes potencias,
cuyos intereses de seguridad aparecen protegidos por la regla del
consenso. Sin embargo, ésta ha sido interpretada de manera
fundamentalista, derivando en una especie de veto que, unido a la
práctica de la vinculación (linkage) se ha traducido
no sólo en la paralización, sino en impedir resultado
alguno: si ello no fuera así, las Convenciones de Ottawa y
de Oslo se hubieran negociado en Ginebra.
Una cosa, señor Presidente, es salvaguardar intereses privilegiados
de seguridad requiriendo consenso para entrar a la fase final de una
negociación de desarme y otra muy distinta es bloquear el inicio
de dicha negociación o el mero establecimiento del órgano
subsidiario que le servirá de escenario. Tal interpretación
estrecha de la regla del consenso ha contribuido a la parálisis
de la Conferencia.
La seguridad internacional está basada en el principio de su
indivisibilidad. Todos los Estados, cualesquiera sean su tamaño
o poder, tienen una cuota de responsabilidad en su preservación.
La década que está terminando enseña que ni siquiera
una superpotencia puede proteger con eficacia sus intereses de seguridad
actuando unilateralmente. Todos nos necesitamos. Por ello es sano
introducir mayor democratización en los procedimientos de la
Conferencia de Desarme.
Los
órganos del sistema multilateral son herramientas para satisfacer
necesidades políticas colectivas; su utilidad la prueban los
resultados: no son un fin en sí mismos. El Desarme contribuye
al logro de un bien público global. La Conferencia de Desarme
es sólo un instrumento.
Señor
Presidente:
Esta
Conferencia debe ser renovada y expandida para convertirse en el órgano
más legítimo, más inclusivo y más transparente
que necesitamos. Por ello, apoyamos decididamente las iniciativas
y ejercicios de reflexión apuntados a su renovación;
la renovación de la Conferencia de Desarme que perseguimos
debe incorporar ciertamente una adecuada participación de la
sociedad civil en sus trabajos y una mejor coordinación con
los restantes cuerpos de la "maquinaria de Desarme". También
una política de comunicación y difusión a la
opinión pública inserta en la cultura de rendición
de cuentas que hoy es exigible a toda autoridad.
Señor
Presidente:
Mi
país basa su Política Exterior en valores que deben
ser buscados de manera proactiva y práctica. El mensaje que
traigo a esta Conferencia es que ha llegado la hora de buscar resultados.
La coyuntura es propicia para retomar el trabajo: aprovechémosla.
Entendemos perfectamente que una cuota fundamental del liderazgo requerido
recae sobre grandes potencias y que, sin su concurso, los grandes
objetivos consignados en la Agenda difícilmente serán
alcanzados. Empero, también es claro que hay nuevas potencias
emergentes que también tiene responsabilidades y deben contribuir
a este proceso. La tarea es colectiva y nos compromete a todos. Los
grandes desafíos de nuestra civilización requieren de
más y mejor multilateralismo. Esperamos que la Conferencia
de Desarme esté a la altura.
Muchas gracias
(*) Resolución A/60/1, párrafo 9.
(**) Documento Final de la SSOD-I párrafo 22.