Misión Permanente de Chile ante las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales con sede en Ginebra

 

DISCURSO DEL SEÑOR VICEMINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES
DE CHILE, EMBAJADOR ALBERTO VAN KLAVEREN,
ANTE LA CONFERENCIA DE DESARME

Ginebra, 3 de marzo de 2009.


Señor Presidente:

Permítame felicitarlo por su elección como Presidente de esta Conferencia, órgano creado para negociar instrumentos jurídicamente vinculantes de desarme y control de armas. Esta es la primera vez que, tras su admisión como Estado Miembro en 1996, Chile participa a alto nivel político en los debates de la Conferencia de Desarme, y hemos querido hacerlo en una coyuntura internacional en la que -tras demasiados años de inactividad- la confluencia de circunstancias auspiciosas pareciera estar generando la masa crítica de apoyo político requerida para relanzar la agenda multilateral del Desarme.

Son muchas y muy buenas las razones que hacen necesario dicho relanzamiento. Ustedes las conocen sobradamente, pero quiero subrayar esta mañana que la crisis financiera mundial, la crisis alimentaria, la crisis energética y el cambio climático requieren canalizar todos los recursos disponibles hacia la reactivación de las economías y la atención oportuna de necesidades sociales impostergables, como también hacia la mitigación de fenómenos que amenazan la existencia misma de Estados insulares. El documento final de la cumbre 2005 de Naciones Unidas establece que la organización se sostiene sobre tres pilares, interconectados y que se refuerzan mutuamente: paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos.(*) Tales pilares son el cimiento de la seguridad y el bienestar colectivos. La noción subyacente es que la seguridad internacional, la seguridad nacional y la seguridad humana van de la mano. La recesión mundial en la que estamos cayendo es una dura prueba para la interdependencia global. Por ello el avance de la agenda multilateral de desarme y control de armas contribuirá a mitigarla y revertirla. La paz social es requisito de la gobernabilidad y su ausencia es semilla de conflicto. Bien lo sabían los negociadores de la Conferencia de Paz de París, quienes en 1919 incorporaron la creación de la Organización Internacional del Trabajo en el capítulo XIII del Tratado de Versalles.

Chile reafirma que el desarme nuclear constituye no sólo el capítulo más importante de nuestra agenda colectiva, sino que su materialización es clave si hemos de lograr seguridad para todos los Estados al menor nivel posible de armamentos.(**) Es bajo este imperativo que nuestra Delegación ha venido desplegando sus esfuerzos como Coordinador del Tema I de la Agenda de esta Conferencia.

Por ello es que somos parte en todos los instrumentos pertinentes y conexos, incluyendo ciertamente el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), el Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCEN), el Tratado de Tlatelolco, el Protocolo Adicional de Salvaguardias del OIEA y el Código de Conducta de La Haya contra la proliferación de Misiles Balísticos.

También, saludamos con esperanza tanto las palabras vertidas recientemente en este mismo estrado por representantes de las grandes potencias y otros actores de alta relevancia multilateral, así como las ideas en circulación que apuntan tanto a una revitalización del desarme nuclear, como a la renovación de este proceso. En particular, permítanme resaltar por su trascendencia política la disposición del Presidente Obama de avanzar hacia la ratificación del TPCEN, como también la flexibilidad mostrada tempranamente por la nueva Administración estadounidense al restablecer como objetivo la pronta negociación de un tratado para la prohibición de la producción de material fisionable con fines militares (FMCT) dotado de un régimen de verificación. Estamos convencidos que este será un paso trascendental en pos del objetivo mayor: el desarme nuclear completo.

Favorecemos, en suma, una aproximación incremental que nos permita progreso efectivo.

Señor Presidente:

Hoy, es crucial trabajar resueltamente por fortalecer la lucha contra la proliferación nuclear. Necesitamos éxito en el proceso de examen del TNP. La Conferencia de Examen del 2010 será en verdad un litmus test de la resolución de los actores claves. Tales actores claves deberán asumir el patrimonio político construido a lo largo de las siete conferencias de examen previamente celebradas e insertarlo en el contexto de las actuales circunstancias políticas.

La esperada ratificación del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares por los Estados Unidos debería dar paso a un círculo "virtuoso" que permitiera una pronta entrada en vigor de dicho instrumento. Un entorno de cooperación política entre todas las potencias nucleares es tanto posible como deseable. Las moratorias de ensayos nucleares -proclamadas o de facto- que se han venido aplicando demuestran que ratificar dicho Tratado no entraña perjuicio para su seguridad nacional. Tal paso brindará la seguridad jurídica y la confianza política que el TPCEN está llamado a instalar en las relaciones internacionales.

Es preciso también que en el seno de esta Conferencia se inicie en breve la negociación de un instrumento que prohíba el material fisionable con fines bélicos. Es el paso natural tras el TPCEN, que remachará de manera convincente el compromiso de las potencias nucleares con el Artículo VI del TNP. También hará efectivas las afirmaciones de otros Estados que poseen armas nucleares y que en numerosas oportunidades han asegurado en los foros multilaterales que su eliminación constituye su primera prioridad. Chile sostiene que la verificación tiene una entidad política propia, que pertenece a la esencia misma de los instrumentos de Desarme. Por ello esperamos que la flexibilización de la postura estadounidense resulte en la apertura de un proceso negociador apuntado a un tratado que efectivamente contribuya a los objetivos del Desarme y la No Proliferación Nuclear.

Señor Presidente:

El desarme nuclear y la no proliferación son el anverso y el reverso de una misma moneda. Es preciso avanzar en ambas vertientes, teniendo siempre a la vista que el objetivo final es la eliminación completa de las armas nucleares. Lo hemos señalado aquí, en la Comisión de Desarme y en la Primera Comisión y permítame reiterarlo una vez más, no hay buenos proliferadores versus malos proliferadores. Toda proliferación es negativa y todas las armas nucleares generan riesgo inaceptable para la seguridad internacional.

Toda política y todo esfuerzo diplomático que ignore esta verdad esencial está destinada a encontrarse con la desconfianza y la frustración de la abrumadora mayoría de los Estados que no poseen armas nucleares. A casi dos décadas del término de la Guerra Fría, verificamos que las causas de tensión y conflicto parecieran re-inventarse. Las armas nucleares, como todas las armas, han sido creadas con el potencial de ser utilizadas. Pecaríamos de arrogancia si afirmamos que la inteligencia humana puede conjurar todos los riesgos que crea su mera existencia. El único curso de acción racional posible es trabajar decidida y honestamente por su eliminación.

Señor Presidente:

La diplomacia multilateral requiere de órganos idóneos para fructificar. Y no me refiero a meros espacios físicos o procesales sino a puntos de encuentro dotados de legitimidad y recursos para responder con resultados a las necesidades de la comunidad internacional.

Comprendemos que para lograr avance en áreas tan cruciales como el desarme nuclear requerimos del liderazgo y el compromiso de las grandes potencias, cuyos intereses de seguridad aparecen protegidos por la regla del consenso. Sin embargo, ésta ha sido interpretada de manera fundamentalista, derivando en una especie de veto que, unido a la práctica de la vinculación (linkage) se ha traducido no sólo en la paralización, sino en impedir resultado alguno: si ello no fuera así, las Convenciones de Ottawa y de Oslo se hubieran negociado en Ginebra.

Una cosa, señor Presidente, es salvaguardar intereses privilegiados de seguridad requiriendo consenso para entrar a la fase final de una negociación de desarme y otra muy distinta es bloquear el inicio de dicha negociación o el mero establecimiento del órgano subsidiario que le servirá de escenario. Tal interpretación estrecha de la regla del consenso ha contribuido a la parálisis de la Conferencia.

La seguridad internacional está basada en el principio de su indivisibilidad. Todos los Estados, cualesquiera sean su tamaño o poder, tienen una cuota de responsabilidad en su preservación. La década que está terminando enseña que ni siquiera una superpotencia puede proteger con eficacia sus intereses de seguridad actuando unilateralmente. Todos nos necesitamos. Por ello es sano introducir mayor democratización en los procedimientos de la Conferencia de Desarme.

Los órganos del sistema multilateral son herramientas para satisfacer necesidades políticas colectivas; su utilidad la prueban los resultados: no son un fin en sí mismos. El Desarme contribuye al logro de un bien público global. La Conferencia de Desarme es sólo un instrumento.

Señor Presidente:

Esta Conferencia debe ser renovada y expandida para convertirse en el órgano más legítimo, más inclusivo y más transparente que necesitamos. Por ello, apoyamos decididamente las iniciativas y ejercicios de reflexión apuntados a su renovación; la renovación de la Conferencia de Desarme que perseguimos debe incorporar ciertamente una adecuada participación de la sociedad civil en sus trabajos y una mejor coordinación con los restantes cuerpos de la "maquinaria de Desarme". También una política de comunicación y difusión a la opinión pública inserta en la cultura de rendición de cuentas que hoy es exigible a toda autoridad.

Señor Presidente:

Mi país basa su Política Exterior en valores que deben ser buscados de manera proactiva y práctica. El mensaje que traigo a esta Conferencia es que ha llegado la hora de buscar resultados. La coyuntura es propicia para retomar el trabajo: aprovechémosla. Entendemos perfectamente que una cuota fundamental del liderazgo requerido recae sobre grandes potencias y que, sin su concurso, los grandes objetivos consignados en la Agenda difícilmente serán alcanzados. Empero, también es claro que hay nuevas potencias emergentes que también tiene responsabilidades y deben contribuir a este proceso. La tarea es colectiva y nos compromete a todos. Los grandes desafíos de nuestra civilización requieren de más y mejor multilateralismo. Esperamos que la Conferencia de Desarme esté a la altura.

Muchas gracias

 


(*) Resolución A/60/1, párrafo 9.
(**) Documento Final de la SSOD-I párrafo 22.

 

 Ultima actualización: 03-Jun-2009