INTERVENCION DEL EMBAJADOR LUIS WINTER, JEFE DE LA DELEGACION DE CHILE, EN SEGMENTO DE ALTO NIVEL
I Conferencia de Revisión de la Convención de Ottawa
Nairobi, 2 de diciembre de 2004
Señor Presidente,
En mi calidad de Director de Asuntos Globales de la Cancillería de Chile y como Representante Personal del Presidente de la República, comienzo transmitiéndoles sus saludos y felicitaciones por los avances logrados en estos 5 años. Lo hacemos con satisfacción, y por qué no decirlo, con orgullo, dado lo realizado tanto en Chile como lo hecho por nuestra Convención en el mundo.
Como país hemos avanzado mucho en estos cortos e intensos años. Tenemos una Comisión de Desminado en pleno funcionamiento, contamos con la planificación y la organización para acometer las tareas del Desminado Humanitario en todo nuestro territorio, tejimos una red de contactos y relaciones internacionales que tiene mucha gravitación en nuestros logros, y nos preparamos para dar los primeros pasos para cooperar con otros países afectados, a través de la asesoría de expertos en desminado de nuestras fuerzas armadas .
Chile se ha incorporado a esta nueva y creciente conciencia mundial respondiendo al imperativo ético de proscribir el uso de las minas antipersonales y de limpiar el planeta de las mismas. Somos un país afectado pero con características particulares: nuestros campos minados están en las fronteras, se encuentran debidamente señalizados, informados y demarcados, tenemos afortunadamente pocas víctimas -123 personas en 30 años- contamos con una capacidad para dar asistencia básica; y tenemos un personal altamente calificado para las tareas del desminado.
Nos consideramos afortunados por todo ello. No quiero decir con esto que no tengamos necesidades o que podamos prescindir del apoyo de la comunidad internacional, pues no somos prioridad ni en el mar de las necesidades internacionales más urgentes ni en lo nacional dada la escasa cantidad de víctimas y el enorme costo de su eliminación.
Lo realizado internacionalmente por nuestra Convención ha sido ya suficientemente destacado en el informe del Presidente de la Conferencia. No voy a volver sobre lo mismo. Pero no podemos ocultar nuestra preocupación por la complejidad cada vez mayor de los desafíos a que nos enfrentará la Convención en la medida en que se acerquen los plazos para cumplir su objetivo final de ver al mundo libre de minas antipersonales.
La integración de mi país al proceso de Ottawa se hizo en el convencimiento que respondía al clamor de seres humanos que exigían a sus gobiernos y al mundo que velaran por su seguridad, las de sus hijos y la de todos cuantos poblamos este planeta. ¡Y qué exigencia más legítima que pedir que la tierra en que vivimos, por donde caminamos, en la que trabajamos, y con cuyo producto nos alimentamos, sea liberada de trampas que matan, hieren y mutilan.
Esta exigencia de Seguridad Humana -mi país es uno de los trece que participan en ella- responde por sobre todo a patrones éticos y morales a los que ni individuos ni estados ni la comunidad internacional pueden escapar.
Desde esta sede de NN.UU. que nos acoge, lugar que donde se privilegia la Diplomacia Preventiva y la búsqueda de soluciones multidimensionales y multilaterales a los problemas, queremos reafirmar nuestro compromiso.
Es un mundo cada vez más despersonalizado, en que los valores se diluyen en un mar de intereses y en que la búsqueda del poder y la riqueza material pareciera ser el fin último, sin importar los medios, el proceso de Ottawa, con su noble objetivo, entregó una luz de esperanza: Un mundo libre de minas a través de un compromiso nacional y de la asistencia y cooperación internacional.
Esa fue la mística de Ottawa y la fuerza inicial que nos ha transportado hasta aquí.
Hoy, mi país cree necesario reimpulsar la mística de Ottawa, renovando como estados nuestro compromiso con el clamor de todos y cada uno de los miembros de la comunidad internacional, vertido en el plan de acción para los próximos 5 años y la valiosa declaración que suscribiré en unos momentos más.
Nuestros agradecimientos a todos quienes han hecho posible y sostenido el proceso de Ottawa y su Conferencia de Revisión, al Gobierno y pueblo de Kenya que nos ha acogido y a la sociedad civil representada aquí, en lo internacional, por la ICBL, el CICR, la Landmines Survival Network y tantas otras instituciones que me sería largo mencionar, y en Chile, por tantos individuos, grupos y ONGs que continúan colaborando activa, comprometida y desinteresadamente para al éxito de nuestro proceso.
Como señalé el año pasado en Bangkok, siento sobre mis hombros una doble responsabilidad, la gubernamental que invisto y la personal, en tanto víctima. El éxito del proceso de Ottawa es un requerimiento de las personas y una obligación para los gobiernos.
En representación del Gobierno de Chile pero también de las víctimas cuyo clamor seguimos oyendo, deseo renovar hoy nuestro compromiso por entregar a nuestros hijos un mundo mejor.